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La
villa, en que luego sufrirá la primera
e injusta prisión andaluza, fruto
amargo de sus negras comisiones, hallábase
circuida de buena muralla, con cuarenta
torres, bajo la defensa de un castillo árabe,
el cual tenía dos puertas, una al
Sur y otra al Septentrión.
Por ésta se comunicaba con el pueblo
mediante un arco. El castillo habíase
reparado por el conde de Castro y otros
caballeros, hacia 1466, cuando las turbulencias
del reinado de Enrique el Impotente.
La población dividíase en
dos partes: la que llamaban Villa, viejo
recinto sobre un pequeño cerro de
acceso difícil, de unos 300 pasos
de Oriente a Occidente, y de poco más
de 100 de Norte a Sur; y la denominada Arrabales,
acostada al pie del mismo cerro, de Este
a Oeste por la parte septentrional.
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